Dibujante, cartelista y pintor, Théophile Alexandre Steinlen figura entre las personalidades esenciales del Montmartre de la Belle Époque. Nacido el 10 de noviembre de 1859 en Lausana, fallecido el 13 de diciembre de 1923 en París y nacionalizado francés en 1901, dio a la capital algunas de sus imágenes más perdurables: gatos hieráticos, siluetas obreras, escenas nocturnas de la Butte. Su cartel « Tournée du Chat Noir » (1896) sigue siendo uno de los emblemas del arte gráfico francés. Tras esa fama se despliega, sin embargo, una obra abundante y coherente, nutrida de observación cotidiana, donde la ternura por los animales convive con una atención constante hacia la gente humilde.
De Lausana a Montmartre
Llegado a París en 1881, el joven lausanés se instala en Montmartre, entonces un pueblo de talleres y cabarés encaramado a la ladera de la Butte. Allí es introducido en el Chat Noir, el cabaré fundado por Rodolphe Salis, que reunía a cancionistas, poetas y dibujantes en una atmósfera de rebeldía alegre. Es allí donde conoce a Aristide Bruant.
Ese ambiente lo decide casi todo. Steinlen encuentra en él complicidades, temas y encargos; sobre todo, afirma en él una mirada. Montmartre no es para él un decorado pintoresco, sino un puesto de observación: recorre sus calles, anota sus actitudes, retiene sus siluetas. Fijado en la Butte, extraerá de ella la materia de sus dibujos, sus estampas y sus pinturas durante más de cuarenta años, hasta su muerte en 1923.
« Tournée du Chat Noir », un cartel convertido en emblema
En 1896, Rodolphe Salis lleva su cabaré de gira fuera de París, y es a Steinlen a quien corresponde la imagen del acontecimiento. La litografía « Tournée du Chat Noir » (1896) impone un partido de gran sencillez: una silueta de gato negro hierático se recorta sobre un fondo dorado, mientras que la tipografía, lejos de añadirse a posteriori, participa plenamente de la composición. El animal, inmóvil, casi heráldico, concentra toda la fuerza de la imagen; nada distrae el ojo de esa presencia frontal.
Esa economía de medios explica la fortuna del cartel. Legible de lejos, memorizable de un solo vistazo, aplica al formato publicitario lecciones venidas de la estampa japonesa: colores planos y francos, contorno sintético, rechazo del modelado. Convertida en icono de Montmartre y del cartel de la Belle Époque, sigue encarnando, mucho más allá de su función primera, el espíritu del cabaré de Salis y la elegancia gráfica de su autor. Pocas imágenes de aquel período han conocido semejante posteridad: pertenece tanto a la historia del arte como a la memoria popular de París.
Los gatos, tema de toda una vida
Si el gato negro del cartel se convirtió en su emblema público, los felinos ocupaban ante todo un lugar íntimo en la vida de Steinlen. Su casa de Montmartre, apodada « Cat's Cottage », albergaba a los gatos que observaba sin descanso: sueños enroscados, estiramientos, aseos, acechos pacientes. De ese trato cotidiano nace un repertorio de actitudes de una justeza rara, que su lápiz fija en unas pocas líneas flexibles, sin caer nunca en la anécdota sentimental.
El motivo desborda pronto el cuaderno de bocetos. Para Le Chat Noir, Steinlen concibe paneles decorativos, como « L'Apothéose des chats », donde el animal familiar accede a una dimensión monumental. En un registro más contenido, una composición como « Deux chats » muestra lo que su arte debe a la observación directa: el contorno flexible y los valores dispuestos en plano, característicos de su manera, bastan para dar a los dos felinos una presencia inmediata. En Steinlen, el gato no es ni un accesorio ni un pretexto: es un modelo de pleno derecho, estudiado con la misma seriedad que una figura humana.
El dibujante de la vida popular
Steinlen fue ante todo, para sus contemporáneos, un ilustrador de una fecundidad excepcional. Revistas como Gil Blas illustré, Le Mirliton o L'Assiette au beurre publican sus dibujos por centenares. Esa producción regular, lejos de ser una tarea alimentaria, constituye el corazón de su obra: lo obliga a mirar rápido y certero, a condensar una situación en una imagen, a hacer recaer el sentido en la postura de un cuerpo o la inclinación de una cabeza.
Su tema constante es la calle y quienes la pueblan: obreros, lavanderas, transeúntes fatigados, figuras de la miseria urbana. No compone estas escenas como moralista, sino como testigo que anota lo que ha visto, en las mismas calles donde vive y trabaja. Ese realismo no tiene nada de constatación fría; está impregnado de una compasión que da a sus escenas de calle su gravedad particular. Después de 1914, sus dibujos de guerra prolongan ese compromiso, dirigiendo hacia el conflicto y hacia quienes lo padecen la misma atención grave.
La noche montmartresa pertenece al mismo territorio. « Filles et souteneurs au Moulin Rouge », escena nocturna captada en el corazón del barrio de los placeres, ofrece un ejemplo elocuente: Steinlen mira el mundo del hampa de la Butte sin juzgarlo ni embellecerlo, con esa agudeza de cronista que hace de cada silueta un personaje. Lejos de los fastos consabidos del music-hall, es la humanidad de los márgenes la que retiene su atención.
Un lenguaje gráfico reconocible
De un soporte a otro —dibujo, litografía, cartel en color, pintura—, Steinlen conserva los mismos principios. Su trazo es flexible y sintético: busca la línea que resume, no la que detalla, y esa disciplina del contorno, adquirida por años de dibujo cotidiano para la prensa, le permite plantar una figura o un animal con unos pocos gestos seguros. Sus colores se disponen en planos heredados de la estampa japonesa, sin degradados superfluos, lo que da a sus imágenes una nitidez identificable de inmediato. Una obra como « Trois figures » ilustra esa economía: la composición reposa sobre la justeza de las actitudes y sobre el equilibrio de las masas, sin efecto accesorio.
La litografía ocupa un lugar central en esta práctica. Técnica de la imagen múltiple, corresponde a su temperamento profundo: un arte hecho para circular, exhibirse y llegar a un público amplio, más que para el solo círculo de los aficionados. Una fotografía de la Agence Meurisse, conservada en la Biblioteca Nacional de Francia, lo muestra en 1913 en su taller: la imagen, sobria, dice suficientemente la constancia de un artista que permaneció fiel a su oficio y a sus temas.
Vivir con Steinlen: formatos y colocación
La obra de Steinlen se presta con naturalidad al interior contemporáneo, precisamente porque fue concebida para verse de lejos: un cartel está hecho para retener la mirada a distancia, y esa eficacia primera permanece intacta en la pared de un salón. Los colores planos y francos, los contornos nítidos y los fondos coloreados dialogan tanto con un mobiliario depurado como con una decoración más clásica, a la que aportan una nota de época sin pesadez. Una estampa de Steinlen no impone un estilo a la estancia. Introduce en ella una escritura gráfica reconocible entre todas, que estructura una pared sin recargarla.
El formato vertical de « Tournée du Chat Noir » lo convierte en una pieza natural para una entrada, un pasillo o un lienzo de pared estrecho, donde su frontalidad produce todo su efecto. Los temas felinos, como « Deux chats », se avienen de buen grado a las estancias de vida —salón, biblioteca, dormitorio—, donde su presencia silenciosa acompaña la vida cotidiana. Las escenas nocturnas, como « Filles et souteneurs au Moulin Rouge », convienen a un despacho o a un rincón de lectura, donde su atmósfera se descubre de cerca.
La galería reúne reproducciones de carteles y cuadros de Théophile Alexandre Steinlen en varios formatos —« Deux chats » existe en particular en reproducción enmarcada—, lo que permite ajustar la escala de la imagen a la pared que la acoge. Un marco sobrio, de moldura negra o madera clara, basta: estas imágenes llevan en sí mismas su propio grafismo y no necesitan refuerzo decorativo alguno. Colgadas a la altura de la vista, solas o en pequeño conjunto, recuperan en nuestros interiores la función que fue la suya: detener al que pasa y quedar en su memoria.
